Con alarmante frecuencia, me he ido encontrado a lo largo de mi vida con jovenes al frente de grupos o empresas que, confundiendo la velocidad con el tocino, al sentirse poderosos en su cargo y sin ningún conocimiento aplicado en dirección de recursos humanos, creen que son amos y señores de la vida y la conciencia de sus colaboradores y empleados.
En Second Life, como no podía ser de otra manera, como copia digital de nuestra vida, también me he encontrado con alguien así. Una jovencita al frente de un proyecto, con una actitud más propia del siglo XIX, creyéndose superior a los demás, considera, erroneamente, que los que colaboran con ella son meros siervos sin derecho alguno. Pero como digo, no es caso único. He estado empleado en empresas donde jovenes empresarios funcionan de una manera similar: uno, simplemente, tiene que callar y obedecer, sin más criterio posible, ya que creen, confundidos, que bastante favor le hacen a uno "por dejarnos trabajar para ellos". De esta manera, en busca del beneficio rápido y la autoafirmación personal, retrasan o niegan el pago de salarios y desahogan, de mala manera, sus frustaciones e inexperiencia en aquellos que tienen a su cargo. Como, en general, no ven motivos para corregir su conducta la perpetuan y acaban siendo unos desastrosos dirigentes que se limitan a culpar a sus subordinados de sus propios errores y fracasos.
Como ocurre en el ejercito, la veteranía es un grado y los que practican eficientemente una jefatura saben que una correcta administración de sus trabajadores lleva a un mejor clima laboral y a una productividad mayor. Los que crean una empresa o un grupo siendo más adultos, en termino medio, suelen comprender, gracias a su propia trayectoria vital, que con buenas ideas y correctas maneras se llega mucho más lejos en las relaciones interpersonales.
Por aquellos, por los "bondadosos y clementes amos" solo se puede sentir lástima ya que sus anacrónicas y equivocadas formas de pensar y actuar solo les reportará dolores de cabeza, infartos y una cuenta negativa en su balance económico, además de, logicamente, una soledad infinita que no puede ni llenar otro de su especie. El egoismo no les deja.
Quizá lo que te llame más la atención, o a mí me llamó más la atención, al entrar en Second Life, por primera vez, es lo altos/as, guapos/as y atractivos/as que son todos los avatares. Estos son los personajes que pueblan este mundo virtual: mujeres/hombres increíbles, chicas/chicos "playboy" en las tiendas, las calles, centros de reunión, áreas de trabajo...






