Ya está, escribiré aqui mi cuento (o mi novela, ya veremos) y a ver hasta donde llego:

Catedral

I

"Hacía frío aquella mañana del mes de febrero en la ciudad. Sobre un cielo gris oscuro, se recortaban los pináculos calados de las torres de un gris levemente más claro. Los reflejos de las luces azules de la policía saltaban sobre las estatuas de los santos, los ángeles, los obispos, los reyes y descubrían caras tristes o solemnes. Se volvió dorada, la luz, en la corona de la virgen sobre la fuente que preside la plaza. Mariam, desde lo alto de las escaleras que conducen a la puerta principal, miró el enorme edificio con admiración. Allá arriba -sintió un punto de vértigo- se divisaban las dos agujas afiladas disparadas a lo alto. Una ráfaga de viento agitó su abrigo y un escalofrío recorrió su cuerpo durante un instante. Unos metros más atras, el cordón policial retenía a los curiosos, pero no los murmullos y las hipótesis. Una anciana abrió, curiosa, un ventanal sobre la tienda de recuerdos. Un niño comenzó a llorar y la lluvía, que parecía esperar esa señal infantil, empezó a derramarse lentamente sobre todo.
El jóven sacerdote salió a recibir a la mujer policía con un paraguas negro, aún cerrado, bajo el brazo.

- ¿Mariam Rodríguez?- preguntó él abriendo el protector y cubriendo a la mujer.
- Sí.- contestó ella, con una media sonrisa algo forzada.- El padre Santiago, supongo...
- Sí, por aqui, por favor.- continuó el cura, cogiendo el brazo de la detective.- ¿Qué tal el viaje desde Madrid?.
- Bien, gracias.- Terminó ella guareciendose como podía.

Las dos figuras, bajo el paraguas, fueron seguidas por todas las miradas, mientras entraban en la catedral: los espectadores, los agentes, las cámaras de las televisiones que llegaban en ese momento como siguiendo una orden muda. Las finas gotas de lluvía, rebotaban contra el suelo y la fachada, ahora algo más gris. Y de repente, al faltar los actores principales, un ángel de silencio cayó sobre la pequeña plaza, directamente desde el rosetón que lo vigilaba todo con su ojo inmenso y coloreado.

Dentro, el silencio alado se convirtió en pequeños ecos repetidos. Pasos que salían del suelo y buscaban una altura inconcebible. El efecto, habilmente buscado por los constructores, hacía que uno mirase inmediatamente a las alturas y la mirada se perdía en aquellos arcos apuntados, en un espacio que parecía levitar. La intención, que se conseguía siempre en los nuevos visitantes, era elevar las miradas y las almas de los hombres que allí acudían desde 1260, año en que se consagró el edificio. Mientras andaban, Mariam, atraida por el sonido de una campana, se fijó en la estatua sobre el reloj de lo alto: un hombrecillo gracioso que comenzó a abrir y cerrar la boca; daban las nueve en la catedral. "El Papamoscas" le llamaban.
Intentando no quedarse rezagada del joven que la precedía, distraida, casi chocó con los bancos de la nave central y creyó adivinar una sonrisa en la nuca rasurada del guia enlutado. Quizá con algo de razón, Mariam se consideraba un poco desmañada.

- El cadaver esta más adelante.- gritó él, pero con una voz controlada, acostumbrada a proyectarse y no producir apenas eco en aquella nave pétrea y detenida en el paso de los siglos."

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Podeís, si os apetece, dar vuestras ideas y sugerencias para este proyecto de cuento o novela. Las más originales, o divertidas, o interesantes, intentaré incluirlas en el relato.