II
Había sido relativamente fácil acabar con la vida de aquel desalmado. Cogerle por detrás, clavarle repetidamente el cuchillo, en el costado primero y luego entre las costillas - buscando el corazón - y tapándole la boca para que nadie oyese el grito sordo que se ahogó contra mi mano. Allí quedó, tumbado en un charco de sangre muy roja y su uniforme de buitre negro. Creo que nadie me vio ni entrar ni salir de la catedral... era muy temprano y llovía fuerte y hacía frío. Pero ya está, ya me vengué. Ese no va a repetir más algo como aquello...
Conduje a toda prisa hasta casa y casi me salgo de la carretera bajo la lluvia. Entre el agua y la sangre, me he tenido que mudar de arriba a abajo después de una ducha estupenda.
Con los guantes y traerme el cuchillo, no creo que hayan quedado pruebas que me acusen. Quemar todo, ropa y botas incluidas y a otra cosa. Nada me puede relacionar con un muerto a kilómetros de aqui... ¡Se lo merecía el muy cerdo!. Ahora un café bien fuerte y a currar... como si nada hubiese pasado. Después de tantos años...
--- ooOoo ---
Mariam, después de pasar junto al coro y la puerta del Sarmental, distinguiendo aun al joven, cada vez más lejos, que se movía sobre aquel suelo encerado, con la agilidad de un patinador, esquivando columnas como enormes árboles de piedra y confesionarios agazapados, llegó al claustro bajo y vio el cadaver negro en el medio de un gran charco de sangre. Rodeando este, huellas rojas que iban y venían.
- ¿Han tocado algo?.- preguntó ella.
- No, aún esperamos al forense que dijeron que mandarían.- respondió el sacerdote intentando no posar sus ojos aterrados en el cuerpo quieto.
- Supongo que llegarán antes los de huellas, a los que he avisado yo.
La mujer inspeccionó las galerías circundantes y más minuciosamente, pero sin posar sus dedos sobre nada, unos cuantos metros alrededor del muerto. El cura veía como se acercaba, se alejaba, se agachaba, como si fuese a pintar un cuadro de la escena y comprobase la perspectiva.
Ella contó, pon encima, unas tres heridas profundas en el costado y dos más sobre el pecho... una de estas, seguró que le atravesó el corazón, pensó. Hay muchas huellas, demasiadas... Los chicos van a tener trabajo. He contado al menos cuatro personas distintas, incluido este curilla asustado que aún tiembla. Él tambien lleva botas de goma...
- ¿Puede enseñarme las suelas de sus botas?
Un sentimiento de culpa sin sentido salto al rostro blanquisimo del joven y lo tiñó de tal forma que casi parecía que buscaba ponerse a tono con la escena.







28 oct 2005 | 06:23 AM
pobrecito el curita
28 oct 2005 | 06:27 AM
:-)
Salu2, Mariam.