III
A Hojalatero le encanta jugar con los niños. Si no fuera por sus orejas, grandes como barquillos de luna, parecería un chiquillo de cuatro patas. El juego de Hojalatero es peculiar: cuando un niño se le coloca detrás, levanta con fuerza levanta las dos patas traseras y le estampa una coz en mitad de la boca. Los dientes del niño brincan por el aire cual chorro de perlas. ¡Bello espectáculo! ¡Ingenuo pasatiempo de mi rucio con los nenes! ¡Con qué candor va desdentando Hojalatero a toda la población infantil de los contornos! El aire, como es lógico, sigue oliendo a gladiolos, a prímulas, a heliotropos y otras verduras.
Alvaro de Laiglesia. Un naufrago en la sopa.







7 nov 2005 | 07:59 PM
No puedo, Bluesea, lo siento. Aunque tenga toque de humor, te diré, desnunando mi intimidad, que no puedo evitar que este texto me recuerde la hipocresía del "Antiguo Régimen"
7 nov 2005 | 08:07 PM
Pues no sé porque lo asocias al "antiguo régimen". Es simplemente una parodia de "Platero y yo". Pero bueno, para cada uno, un texto literario tiene ecos personales...
Un beso.