A las cinco de la mañana, me despierta un piar de mil demonios. ¡Cómo me deleita que me despierten los pajaritos en cuanto amanece! ¡Qué alegría inefable no poder pegar un ojo, porque los cuervos y los buitres me desvelan con la tabarra de sus graznidos! ¡Dulce campiña! Muchos días, me asomo a la ventana y doy la bienvenida a los pajarillos con un zapato. ¡Pueril satisfacción la de despanzurrar a un canario en ayunas! Luego, bajo a la cuadra y le sirvo el desayuno al borrico".