Cuadro de Goya (detalle).

Como la crónica de una muerte anunciada, el divorcio que suponía me pasa por encima como si de un tren Talgo se tratara. Esta tarde, cuando paso por uno de mis habituales ataques de bronquitis, tengo una tortícolis muy dolorosa. Supongo que será por la fiebre, pero tengo un frío tremendo... Así que dada la situación, estoy a punto de desternillarme de risa (la palabra no es "destornillarse" como se oye por ahí, si no "desternillarse": romperse las ternillas de la mandíbula) de las ironías que tiene la vida. Es cierto que "a perro flaco todo son pulgas".
Hace no mucho vi la estupenda película "The Cooler" (que se puede traducir por "refrigerador", pero que a la cinta le iría más como "El enfriador") sobre un tipo que tiene y reparte la mala suerte. Jamás me he sentido más identificado.
Quien haya visto el genial filme "Magnolia" y dude de esas fantásticas casualidades de las que habla, que me pregunte... que un día di luces a un auto que se me cruzó y resultó ser la Guardia Civil camuflada. Palabra. (Para los curiosos: sí, me multaron por exceso de velocidad).

A mis cuarenta y cuatro años, después de dos relaciones largas y serias frustradas, con secuelas de polio, gafas para leer, intolerancia a la lactosa, alergia a pólenes y similares y una epicondilitis (codo de tenísta) recurrente creo que lo único que me falta es quedarme embarazado.
O sea que o me río (que es la opción que he tomado) o me pego un tiro (en cualquier caso, no tengo pistola y, como le pasó a un personaje de Woody Allen, acabaría resbalándoseme el arma y rompería algo).

Con mi suerte el médico me dirá que es niño... y yo quería una niña.

P.D.1: No es que considere el embarazo como una desgracia, es que quizá sería el colmo de mis desdichas.

P.D.2: He tenido que reescribir este texto, porque al terminarlo, pulse una tecla que no debía y se me borró.