Gracias por esa sugerencia de líneas
por esa caricia suave en el comienzo de la nuca,
por esos senos que solo insinuas
y que me recuerdan
que aún sigo vivo.
Por esa mirada
que yo quiero leer
como una mirada comprensiva
y cómplice.
Por esas manos leves
como libélulas blancas
que toman todo como cristal,
promesas mudas de roces innombrables.
Gracias por esa sonrisa
que amortigua el lento paso de los días;
por ese movimiento de caderas
que cuenta historias
de amor y de cigüeñas.
Por ese andar que no dice nada
pero que en mis sueños
es dulce baile de brisas
y amapolas.
Así, desconocida,
eres el canto del sexo deseado,
la insinuación dulce
que no fue
pero que recuerda danza de ángeles,
tíntineo de arroyo fresco,
en un, como decía Chavarri,
"Tierno verano de lujurias y azoteas".