En cada esquina,
cada sombra,
cada textura aplicada
hay una sonrisa de gozo dedicado.
Trazas lineas, alzas columnas,
tiendes arcos
como un baile privado,
dichoso en el aire.
Es tu música geométrica,
tu canto feliz a los volúmenes,
tu odisea en el espacio.
Así cada arbotante,
cada capitel,
cada pináculo
te lanza aún más alto
solo para saber alegre
que aún puedes subir más,
que eres capaz
de vencer a las curvas díscolas,
a las espirales revoltosas,
dueña de la luz
y la materia.
Por ello obedientes
los ábsides,
las cúpulas,
las estructuras y fachadas,
los vidrios y azulejos,
los muros,
las naves,
los corredores y pasillos,
las torres,
las cúpulas,
las vigas
se ordenan bajo tu mano,
dichosos todos
de que nos des vida
y movimiento,
escala
y sentido.







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