Algunos día te quedas sorprendido, deslumbrado por la vida como un conejo por los faros de un automóvil en mitad de la carretera, sin saber de que va todo esto. En estas jornadas interminables nada te cuadra y no entiendes los motivos de las acciones de los demás. Tampoco te explicas tus propias reacciones. O estás aislado en ti o a la defensiva y saltas como un resorte a poco que te sientas provocado.
Son malos momentos en los que la gente que te rodea te parece más idiota de lo habitual y tú te criticas por ser tan intransigente, siendo, por tanto, intransigente contigo mismo, lo que te pone de mal humor y te vuelve muy crítico con  los demás y este círculo se incrementa con más enfado hacia todo.
Miras extrañado a los otros seres humanos y no comprendes el sentido de su presencia en este mundo; te miras a ti mismo en el espejo y ves a alguien que te resulta familiar, pero que no conoces. Cada palabra que pronuncias es automáticamente malinterpretada y lo que te dicen te parace irónico o simplemente ofensivo.
Creo que todo se debe a la falta de sueño pues este bálsamo mental hace
borrón y cuenta nueva y recoloca todo en su sitio, más o menos, correcto.
La falta de esta reparación diaria, en cantidad suficiente, me mantiene los nervios a flor de piel y un humor de mil demonios.
Así, viendo lo que pasa por el mundo, es fácil concluir que el planeta entero necesita dormir más.