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La Coctelera

Categoría: postales

26 Agosto 2009

Me quedaba solo en una playa desierta. Quizá tenía ocho o nueve años. Con las horas, comenzaban a llegar los bañistas, quizá extrañados al ver a un niño solo, bajo una sombrilla, jugando con la arena. Un niña francesa me gustó y, como una canción infantil, me aprendí de memoria su dirección en francés para escribirla, aunque no recuerdo que le enviase ni una sola carta.

Tiempo después, hice un amigo que me maravilló con su caja de magia Borrás, en una tarde de admiraciones y sorpresas. Eran vacaciones de mi infancia y primera juventud, donde empezaba a descubrir el mar y el otro sexo, con la banda sonora de las olas y las canciones triunfantes de cada verano. Días de arena e intentos de pesca, con una caña artesana de sedal y anzuelo del mercadillo de los jueves. Algunas noches comía pipas en el cine nocturno al aire libre, mientras veía películas baratas, oliendo el aroma de la hiedra y el azahar.

Un estío buceé en el Mar Menor entre cálidas burbujas y caballitos de mar dibujados por un niño risueño. Hacía amagos de baile en discotecas nocturnas y en los sueños reinaba una doctora de cabello rizado. 

Más tarde vendrían los veranos en un pueblecito de la meseta castellana, aunque en realidad, las casas se apiñaban en el horno desesperante del fondo de un valle. Allí pasaba los días calurosos en la piscina y las noches frescas de los primeros cigarrillos, bajo las sombras duras de olmos enfermos y agonizantes, con partidas de mus interminables y fuegos artificiales en septiembre. Por entonces, jugaba a estar enamorado de una joven de la que aún recuerdo el nombre y los dos apellidos, como si fuese una marca indeleble e importante.

En los siguientes meses de agosto, anduve por España con mi primer automóvil como un aventurero aficionado. Kilómetros de sierras y ciudades, montañas cubiertas de nubes grises y carreteras sinuosas de las costas. Conocí rincones secretos y maravillas góticas y ya había hoteles donde me saludaban por mi nombre.

 También he acabado veranos delante de pantallas de ordenador, disimulando el calor con gráficos de alta calidad y chats con amigos lejanos.

Con todo, como un Ciudadano Kane sin fortuna, aún recuerdo aquella arena de la primera playa y aquella primera niña, francesa, morena y de ojos muy azules...

 

27 Abril 2009

El tren

Autor de la fotografía: John Hill.

Tengo una amiga que habla de la vida de cada uno como el viaje en un tren y estoy muy de acuerdo con ella. Este sale de la estación el día que uno nace y llega a su destino el día que uno muere. Uno no recuerda cuando el tren partió ni sabe cuando llegará a su meta. Durante el trayecto hay gente que  viaja contigo durante un tiempo y se baja en la estación que quiere o en la que las circunstancias le obligan. Así un amigo con el que creías compartir muchos kilómetros de viaje puede morir y dejarte antes de lo que creías. La mujer con la que pensabas compartir todo el trayecto decide bajarse en una estación cercana en la que tu no creías que fuera a hacerlo. Otros suben al tren de forma imprevista y se quedan contigo más de lo que esperabas. En realidad uno no puede impedir, ni debería intentar si quiera, que los demás pasajeros se bajen cuando lo deseen. Por mucho que uno no lo quiera, el tren sigue su camino sin esperar a nadie. Según mi amiga, cuanto antes aceptemos el viaje y disfrutemos de él, antes seremos felices. Dice que no hay que apenarse por los que descienden en las estaciones por propia voluntad porque ellos también tienen derecho a hacer el viaje con quien quieran. Pensando sobre la imagen, sé que todos viajamos solos la mayor parte del tiempo y es un hecho que hay que admitir cuanto antes. Hay paisajes hermosos en los que te gustaría quedarte, pero no hay parada en ellos y si hay estación hay que saber que el tren pronto seguirá la marcha. Otras veces te detienes en un paraje obscuro y desagradable, pero no hay que olvidar que es por un tiempo limitado. Creo que hay que alegrarse con la compañía, disfrutar de los kilómetros en común. En fin, gozar con el viaje.

 

27 Febrero 2009

Una palabra

Es increíble el poder del lenguaje. Todos, antes o después, hemos experimentado ese poder.

Se levanta uno con alegría, ganas de vivir, todo sonrisas y alguien cercano, alguien cuya opinión nos importa, o con la autoridad suficiente, nos dice una palabra y todo cambia, se tuerce y el día se nubla de repente como el cielo en una tarde de verano ante la tormenta inesperada. Se derrumban las ideas positivas y nuestro rostro torna a expresiones cerradas y obscuras. Por fortuna, también sucede al contrario. Ese día gris, cuando estamos desanimados, cuando parecen faltar los motivos para continuar, recibimos una palabra amable, acogedora, cariñosa y resugimos de nosotros mismos como los brillos de un torrente bajo los rayos del sol. Se abren todas las puertas y el tiempo parece nuestro aliado. Animados y alegres, sentimos que los planetas se coordinan para nuestra dicha.

Siendo así, o más o menos dependiendo de la sensibilidad de cada uno, cuidemos lo que decimos. Valoremos el posible efecto de nuestras palabras. Seguro que nuestro familiar, nuestro amigo, nuestro compañero espera ese efecto positivo, esa palmadita en el hombro que le ayude a llevar su propia carga cotidiana. Hay veces que ni siquiera hace falta el verbo, a veces solo se necesita una sonrisa. En estos tiempos y lugares, en los que tenemos pánico al contacto físico y que un abrazo es un mundo, una sonrisa puede ayudar y significar mucho. No seamos tan tacaños. Un "¡ánimo!" no cuesta tanto...

17 Febrero 2009

Desaliento

Hace una semana terminó la temporada de caza con galgo y empezaron las matanzas habituales, los bosques espectrales adornados con el fruto atroz de los perros ahorcados. A veces me entra un desaliento abrumador, un cansancio infinito de ser de este país. De una sociedad bruta e incivil sin tradición en el respeto a los seres vivos. Miren por ejemplo lo que sucede en el Metro de Madrid: El Refugio ha denunciado que los perros utilizados en la seguridad son duramente maltratados. Y lo peor es que muchos maltratadores ni siquiera creen serlo porque no perciben el sufrimiento del animal: así de primitivos y de crueles son. Ese mismo sustrato de insensibilidad hace que el PSOE incumpla descaradamente una promesa electoral sin que pase nada. Porque se comprometieron a elaborar una ley marco de protección animal, pero el Gobierno acaba de declarar que no la hará y que las competencias son de las autonomías (se han presentado 1.300.000 firmas en pro de la ley, pero se ve que les importa un pito). Sí, es un desconsuelo ser de un país en el que los jueces y los ministros se van de cacería y se hacen petulantes fotos de matarifes. No hablo ya de las repercusiones políticas del encuentro, ni del problema que supondría aceptar, teniendo un cargo público, el supuesto regalo (de muchos miles de euros) de una montería, como decía el sábado un lector en una carta magnífica. Hablo simplemente del mal gusto social, del mal gusto moral, del mal ejemplo de esos prohombres de la patria rodeados de cadáveres (tremenda la foto de Garzón entre decenas de mansos ciervos alineados como los muertos de una masacre anónima); de unos tipos exultantes de sangre y abrazados con ufanía a la escopeta. Ésos no son los dirigentes que yo deseo para España. Pero ya ven, es que el país es así. Por desgracia, todo concuerda.

Rosa Montero en El País de hoy.

16 Febrero 2009

Repentina

Cuando, como en esta mañana, me entero de que alguien conocido, pero no cercano, ha muerto de repente me detengo de golpe y siento que vuelvo a la realidad instantaneamente. Como si un cañón de luz me apuntara de improviso hay un fogonazo cegador y todo se hace muy claro, muy evidente... quizá demasiado. Casi todo pasa a un segundo puesto, casi todo es menos importante y tomo conciencia de que sí, de que realmente vivimos unos años y que el fin es inesperado y puede llegar sin previo aviso.

Durante unos minutos, tal vez unas horas, me planteo que podía haber sido yo mismo y analizo que estoy haciendo, en que se me está llendo la vida... En esos momentos, el sueño del madrugón, los atascos de tráfico, las tontadas de mi jefe son minucias que no me preocupan y otros detalles sumergidos en la vorágine de la rutina suben a la superficie. ¿Hablé con aquel amigo que tengo medio olvidado, a quien hice daño, hago felices a quienes me rodean... soy feliz?.

En efecto, esto es una representación única de una sola funcíón, no hay ensayos ni segundas oportunidades. La palabra dura que dije allí quedó, los días que perdí ya no volverán y aquel verano en una playa de Murcia solo está en mi recuerdo. ¿Qué queda al final?. A mi parecer, aquella noche de cariño y caricias, aquel día en el parque de atracciones con los niños, aquella charla con amigos cerca del fuego... esos recuerdos agradables, esos momentos en los que toque la felicidad con la punta de los dedos. Si me apuran más, aquel apretón de manos al amigo, aquel beso junto al tronco del árbol, aquella mirada de un anciano agradecido...

Y hubo momentos malos, ¿cómo no?... pero ¿para qué recordarlos?.

Prefiero irme con una sonrisa y que en mi epitafio pongan: "perdone que no me levante".

 

8 Febrero 2009

Entro en la habitación y no está. No está su cuerpo, pero su fragancia aún flota en el aire y el recuerdo azul palpita como el corazón de una paloma que acaba de posarse. Y no está y, para estar con usted, he de imaginarla, recrearla en mi mente llena de deseo, dibujarla en el aire porque ya, realmente, no la veo y sentir que tan pronto, quizá demasiado pronto, la echo de menos. Y mis manos apenas acaban de tocarla, hace nada se enredaron en su pelo y sus sonrisas, dibujaron cada línea de su piel, pero no llegaron a saciarse. Y todo fue una cascada de abrazos y susurros, donde ya estaba dicho todo lo importante y fue un dejarse llevar por el anhelo, por el roce de los dedos, por labios que eran caricias de terciopelo...

Y ahora, en la distancia, cuando no siento el cariño, la curiosidad, la pasión de su mirada verde, cuando ya su mano no roza mi nuca, cuando no estan sus pechos en mi espalda, cuando su voz no me llega dulce, cuando al girarme en la cama, al torcer un esquina, al abrir una puerta y no encontrarla -son cálidos recuerdos-  y solo quedarme su perfume, es ahora, tan pronto, cuando sé que la echo de menos.

Y voy a cenar y no está en el sillón, y la buscó con la mirada afuera, en la callé, y no la veo, aunque sé que no estará, pero tal es mi deseo. Y vuelvo de nuevo a la habitación y noto de nuevo el olor de su cuerpo y veo de nuevo su sonrisa y noto de nuevo el calor de su pecho... pero no, no está. Y deseo dormir y contento hallarla de nuevo feliz en mis sueños y volver a acariciar despacio su rostro risueño...

Y todo es volver al reloj, al calendario, para contar de nuevo los minutos y los días y esperar el reencuentro de sus ojos, de su palabra calida, de su cariño infinito y seguir sintiendo que aún no está, que fue una delicia el momento, pero que ahora, en la distancia, solo sé que me pasaba hace un instante, que es ahora lo que lo siento y que mañana aún diré: Siria la echo de menos.

5 Febrero 2009

El Regalo

Una amiga me hizo, hace poco, un regalo maravilloso.

En una situación realmente adversa, de la que afortunadamente empieza a salir, conserva un optimismo, una presencia de ánimo realmente admirable. Su alegría es desbordante y contagiosa. Solo hablar con ella es como estar en una fiesta divertida.

Con el tiempo, fui conociendo páginas de su azarosa vida y me preguntaba como era posible brillar como el sol cuando todo, incluido el pasado, parece negativo. Es cierto que su carácter abierto y jovial la impulsa más arriba de los acontecimientos, pero aún así sabía que había un detalle que se me escapaba, algo que no llegaba a entender, un secreto oculto que es el motor de su felicidad casi permanente.

Hasta ahora, personas que he ido conociendo en circunstancias realmente mejores, con vidas más afortunadas, se hunden en negros abismos de desesperanzas y depresiones por motivos mucho menos negativos. Un desengaño amoroso, una enfermedad, un revés laboral las llevan a la tristeza, al pesimismo que aumentan, como en una espiral, los sintomas dañinos. Parecen empeñadas en ser infelices y cada nuevo día encuentran motivos para sentirse peor, cada acontecimiento desfavorable les parece una nueva losa sobre el peso que las aplasta.

Así me intrigaba como mi amiga reía cuando otros, en su situación, llorarían sin remedio.

Hace unos días lo descubrí y confirma lo que siempre intuí y que he señalado en más de una ocasión en este blog: ella ama mucho y recibe, por tanto, mucho amor. Ni más ni menos. Esa luz que irradia la recibe de nuevo reflejada, la felicidad que reparte entre los que la rodean, especialmente su pareja, la sobrepone y anima sin cesar, incluso en los peores momentos.

Y es todo un regalo porque, además de recibir ese destello de felicidad al tenerla como amiga, me asegura que la idea, el camino propio es el correcto y que, como siempre pensé, el Amor es la clave.

Gracias.

11 Noviembre 2008

Repite Rouco Varela una vez más su tedioso ataque al matrimonio gay y reclama un referéndum sobre el asunto. Los matrimonios entre homosexuales, dice, "van en contra de todas las civilizaciones". Lo que se diría que va en contra de la civilización, y de la civilidad, e incluso del verdadero cristianismo, es esta Iglesia oficial tan intolerante y obsoleta. Veo a Rouco vestido de rojo y con puntillas en la foto que publicó EL PAÍS hace tres días y, con perdón, parece disfrazado para Halloween. Me temo que hay un tipo de religiosidad que suena falsa, artificial, pomposa. Puro exhibicionismo y apariencia, pero muy poca chicha espiritual.

Tomemos El Rocío, por ejemplo: he aquí otra colección de católicos disfrazados, de raciales creyentes supuestamente encendidos por la fe pero que más bien deben de estar recalentados por la jarana. De otro modo, no se entiende que cada año revienten de agotamiento, de hambre y de maltrato a un par de decenas de caballos. La semana pasada se supo que, en los ochos días que duró el último Rocío, murieron de esta manera bárbara 25 animales. Muchos faralaes, mucha tradición inmovilista, muchos ojitos lacrimosos por la emoción ante la Virgen, y luego les importa un pimiento la brutal agonía del animal que les transporta. Como respeto profundamente las creencias religiosas, no concibo que uno pueda considerarse un buen católico cuando carece por completo de empatía. Se diría que hay una Iglesia disfrazada, hipócrita y vetusta que está cada día más lejos de la realidad y de la vida. Más lejos de los muchos católicos que no van al Rocío y que no sólo no rechazan el matrimonio gay, sino que a lo mejor incluso se han casado así. ¿Que Rouco quiere un referéndum sobre el asunto? Vale. Y de paso preguntemos si queremos seguir pagando y aguantando una Iglesia tan rancia. A ver qué sale.

Rosa Montero en El País de hoy.

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The current mood of Bluesea at www.imood.com Soy como soy: un amante de la vida en general y de todo en particular. Puedo disfrutar de la misma manera de una obra de Juan Sebastián Bach que de una hamburguesa con patatas, en compañía de un buen vino y un buen amigo. Enamorado del cine, de la literatura, del vuelo y la velocidad, de la pintura y la música bailable. Adoro defender al ser humano y a los animales. Me considero más budista que cristiano, aunque admiro la figura de Jesús. Estoy en contra de la guerra, la injusticia, la avaricia, el machismo, la violencia y todo aquello que dañe al otro. Humano en fin, lleno de defectos y con algunas virtudes. Si perdono a otros sus tonterías, ¿cómo no perdonar las mías?.

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