Cuando viajas solo, en un largo viaje, por carretera haces varias acciones al mismo tiempo: estar pendiente del tráfico (fijar la atención en el curso de la carretera sinuosa, la posición de los demás automóviles, y, en los últimos años, la presencia de radares fijos y móviles), controlar por la vista, el tácto y el sonido el estado de tu propio vehículo (atento a las luces, rojas siempre, de advertencia del panel central, tirones del volante, vibraciones diversas, sonidos de alarma, ruidos sospechosos...), seguir la programación de la radio que se pueda captar por donde pasas y pensar.
De esta forma se combina un baile de acciones en los que tomas una curva, observas el camión que adelantas, miras intrigado el coche que llevas delante (si no tiene pegatinas, no es un auto de lujo y sí tiene varias antenas es mala señal), estudias el cuadro de indicadores, procurando no sobrepasar el límite de velocidad, escuchas las maravillas del ADN humano divulgadas por una emisora regional y te preguntas que haces en medio de una recta infinita en mitad de León.
A veces, y por breves instantes, además te fijas en algún detalle del paisaje y admiras las altas montañas cuajadas de vegetación verde, rocas grises, modernos y esculturales molinos de viento, pequeños pueblos olvidados por la autopista, restaurantes rápidos con todos los servicios posibles, pantanos cruzados por altos puentes sostenidos por cables infinitos, trenes sucios cargados de carbón...
Escuetos carteles te indican que entras o sales de Segovia, de Avila y llegan a tu mente acueductos y murallas procurando que solo sean recuerdos y no ensoñaciones, porque estas son preludios del sueño, feroz enemigo del conductor. Pasas a un vehículo de matricula extranjera cargado con lo que supones todo el contenido de una casa sobre la baca y el carro rebosante del que tira.
La meteorología añade otro punto de entretenimiento con sus aguaceros imprevistos, mañanas de plomo, soles deslumbrantes y calores asfixiantes... que te llevan a manejar, para más agitación, el aire acondicionado.
Piensas en los días que tienes de vacaciones y llegas a la conclusión, inevitable, de que, siempre, son pocos. Quizá con tres o cuatro más podrías...
Quizá para muchos todo este trajín sea demasiado y prefieran dormitar en el asiento de un autocar, un tren o un avión, pero otros disfrutamos de este juego habilidad (que cansa pero no aburre) que se gana terminando sin percances el viaje.
Tan solo el no poder perderte demasiado en tus pensamientos ya compensa el esfuerzo.
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Por cierto, ayer en la Fnac, ( http://www.fnac.es/ ) del Plaza Norte 2 ( http://www.plazanorte2.com ), compré mi Moleskine de Barcelona. Lo mejor fue encontrarme a un dependiente más loco que yo por la música clásica. Al final acabamos hablando de Rameau y de la versión de Les Paladines de Les Arts Florissants ( http://www.arts-florissants.com ). Me comentó de un proyecto magnífico que están llevando a cabo en Venezuela - creo que dijo Venezuela - para llevar la música clásica a los niños pobres. Las maravillas de la música y las victorias que alcanza. Me recordó la orquesta de jóvenes judíos y árabes, La West-East Divan Orchestra, ( http://www.barenboim-said.org/ ) de Daniel Barenboim.
(Continuará)






